Claves en el desarrollo de nuestro metabolismo: alimentación y emociones (II parte)

Título II parte

En la primera parte de esta entrevista con Andrea Märtens, directora de Avagar, centro de yoga y salud, tratamos principalmente los factores psicológicos que influyen en la obesidad.

Ahora veremos cómo enfrertarnos a las presiones sociales y cómo  manejar la culpa a la hora de conocer nuestros hábitos alimenticios.

  • ¿Cómo podemos enfrentarnos al hecho de no poder tener la talla 36 que la sociedad nos exige?

Podríamos hacer un análisis psicológico a nuestra sociedad y llegar a la conclusión de que está bastante enferma y por tanto es enfermante. Pero no es el objetivo de este artículo. Buscar el equilibrio en nosotros es una fuente natural de belleza y armonía que nada tiene que ver con una talla u otra. En general, cuanto más inseguros/as somos y más baja es nuestra autoestima más tendemos a mirarnos desde fuera con los ojos de los demás y más dureza y exigencia proyectamos en esa mirada.

De sujetos pasamos a ser objetos: objetos de miradas ajenas, apenas una imagen en la retina de los demás. Lo cierto es que los que más nos exigimos somos nosotros mismos. Si esa autoexigencia es dura o crítica es porque deriva de una falta de amor y cuidados básicos hacia nosotros mismos.

El yoga dice que nuestro cuerpo es nuestro templo, sede de nuestro Ser lo cual significa amarlo, aceptarlo y cuidarlo. Su enseñanza es la de buscar el equilibrio, no torturarlo ni por exceso ni por defecto.

Yo creo, contestando a tu pregunta que hay que llevar más la mirada hacia dentro, trabajar por la armonía interior, aceptar los procesos naturales de la vida, los cambios y la impermanencia. Quien haga todo esto y se sienta bien consigo dejará de sentir que la talla sea una exigencia.

Entrevista II parte

  • ¿Por qué a veces llenamos vacíos de nuestra vida con la comida?

Porque la comida ha sido, ontológicamente hablando, la primera fuente de bienestar y amor. Cuando se nos acaban los demás recursos, puede ser un automatismo fácil, casi inconsciente, buscar la saciedad como sustituto de la plenitud.

  • ¿Existe algún régimen alimentario o alguna clase de alimento que ayude a equilibrar nuestras emociones?

En general, harinas y azúcares refinados desequilibran nuestro sistema nervioso y, más ampliamente, nuestro organismo total. Las dietas deben ser ricas en vitaminas y minerales, proteínas e hidratos de carbono (no deberían eliminarse por completo, so pena de sentirnos agotados e incluso deprimidos). Especialmente la vitamina B, el magnesio, manganeso y vitamina C sustentan nuestro Sistema nervioso.

Yo recomendaría en cualquier dieta sensata la presencia de harinas y arroces integrales; reducir el azúcar al mínimo y evitar que sea refinada; comer vegetales y frutas crudas en ensalada o licuados, algas y levadura de cerveza desamargada. Eliminar o reducir al mínimo el café y los excitantes. Esto son directrices muy generales, pero cualquier naturista o dietista diseñará una dieta considerando estos principios.

  • A veces pasamos de un extremo al otro o no somos capaces de controlar lo que comemos o nos sentimos muy culpables cada vez que comemos algo altamente calórico, ¿Cómo podemos superar este sentimiento de culpa?

Considero muy importante evitar el efecto ping-pong que es el de llegar a un extremo para después salir rebotado hacia el otro. La falta de control y la culpabilidad son dos extremos que dependen uno del otro y se refuerzan mutuamente. La consecuencia es que cada vez nos sentimos más volubles y peor con nosotros mismos.

Buscar el punto medio y ponernos metas relativamente fáciles de alcanzar consiguen, en cambio, reforzar nuestra voluntad y la sensación subjetiva de control interno.  Recomiendo eliminar suavemente aquellos aspectos de nuestra alimentación que no sean sanos y a los que nos sintamos capaces de renunciar, así como incorporar poco a poco hábitos más saludables.

Recordemos que todo cambio requiere de la ruptura de un hábito previo y quizás conviene explicar que hábito es toda conducta que se ha automatizado con el fin de facilitarla o, dicho de otro modo, que el coste energético de la misma sea menor. La contrapartida es que, precisamente por su arraigo, cambiar un hábito requiere de una gran inversión energética: más atención y más desgaste. Pero solo por un tiempo, hasta que la nueva conducta se ha vuelto a su vez, hábito.

Esperamos te haya interesado esta segunda parte de esta entrevista sobre “alimentación y emociones: claves en el desarrollo de nuestro metabolismo”.

Pronto publicaremos la tercera y última parte de esta interesante conversación con Andrea Märtens.

Si te gustó te invitamos a comentar y compartir.

¡Gracias! 

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Un comentario sobre “Claves en el desarrollo de nuestro metabolismo: alimentación y emociones (II parte)

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